Lydia Valentín, campeona olímpica sin trampas

CUENTO: PALOMA DEL RÍO | ILUSTRACIÓN: RAÚL ARIAS

Había una vez una niña que nació en la zona del Bierzo leonés. A esta niña, que se llamaba Lydia, le gustaba mucho hacer deporte. Un día, un entrenador le dijo que probara a levantar pesas, así que lo hizo. Y, desde ese momento, Lydia tuvo la sensación de que ser halterófila era lo que más le gustaba en el mundo.

Su afición fue creciendo y creciendo y lo hacía tan bien que, ya con quince años, le propusieron irse a Madrid, al Centro de Alto Rendimiento, en donde viviría y entrenaría junto con el resto de los deportistas españoles de élite. Así que Lydia viajó hasta la capital.

Allí Lydia estaba entusiasmada porque cada vez conseguía mejores resultados y, además, verse rodeada de tantos deportistas le hacía sentirse muy bien. Su entrenador le decía que, gracias a que trabajaba duro, se estaba convirtiendo en una de las mejores levantadoras de pesas del mundo, y que podría ser campeona olímpica. Así que Lydia empezó a soñar con ir a los Juegos Olímpicos y ganar una medalla.

Se alimentaba bien, dormía bien, entrenaba mucho y llegó a participar en tres Juegos Olímpicos, pero nunca conseguía ser la primera. Siempre había otras competidoras que la adelantaban en la clasificación. Lydia se dio cuenta de que esas chicas no hacían las cosas como las hacía ella: las otras deportistas tomaban pastillas que las ayudaban a ser más fuertes, pero que no estaban permitidas. Lydia sabía que, si no las tomaba ella también, nunca conseguiría la medalla olímpica, pero prefirió seguir con su dieta, su entrenamiento, su esfuerzo y resignarse al resultado que conseguía por sí misma.

Pero un buen día, los que dirigen el deporte mundial se dieron cuenta de que había deportistas que tomaban las pastillas prohibidas y que, además, eso les podía hacer daño a su salud, así que empezaron a hacerles análisis a todos, y descubrieron que algunas de las chicas que competían con Lydia las tomaban también y que por eso tenían mejores resultados que ella. Y eso no era justo.

Entonces, los jurados de los Juegos Olímpicos quitaron las medallas a aquellas chicas que las habían ganado haciendo trampa, y resultó que Lydia era la que había conseguido el mejor resultado de forma limpia en los tres Juegos Olímpicos, así que le dieron las medallas a ella.

Hoy Lydia tiene tres medallas olímpicas, una de cada color: un oro, una plata y un bronce, además de los títulos de campeona de Europa y campeona del mundo. Ahora se está preparando para ir a sus cuartos Juegos Olímpicos. Después, quiere dedicarse a ayudar a otros niños a cumplir sus sueños deportivos, como ella cuando era pequeña.

Y así fue como, sin hacer trampas y trabajando duro, Lydia consiguió el sueño que tenía desde pequeñita: ser la mejor en su deporte.  

“Me centro en entrenar al máximo, las medallas son la consecuencia del trabajo diario”
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La protagonista

Lydia Valentín

Deportista
Nació en Ponferrada, León, en 1985
Lydia Valentín compite en halterofilia, en la categoría de 75 kg. Ha conseguido tres medalles olímpicas (oro en Londres 2012, plata en Pekín 2008 y bronce en Río 2016) y se ha proclamado cuatro veces campeona de Europa, la última, el pasado 31 de marzo en Bucarest.