Pilar Miró, la niña que amaba el cine

CUENTO: MARA TORRES | ILUSTRACIÓN: BELÉN GARCÍA MENDOZA

A Pilar no le gustaba nada estar en su casa. Odiaba el silencio que había en los pasillos y no le interesaba oír a su padre decir cada dos por tres:

—Esto no se puede hacer.

—¿Por qué no?

—Porque no.

Vivía en Madrid, el país estaba bajo las órdenes del dictador Franco y la mayoría de las cosas estaban prohibidas sin que nadie le diera una explicación, así que decidió que, si quería hacer algo, lo mejor sería no preguntar.

Como era un poco tímida y solitaria, el lugar en el que más feliz estaba era uno en el que no necesitaba hablar, solo mirar y escuchar: el cine. Muchas tardes, cuando terminaba una película, en vez de regresar a casa, se quedaba hecha un ovillo en su butaca hasta que se apagaban las luces de nuevo y el proyector volvía a ponerse en marcha. Veía las películas una y otra vez sintiendo palpitar su corazón porque sabía que en el cine todas las cosas eran posibles.

Cuando terminó el colegio, Pilar estudió Derecho y Periodismo en la Universidad y una tarde se presentó en los estudios de Televisión Española y, sin consultar si quedaba alguna plaza libre, dijo directamente:

—Vengo a trabajar aquí.

—Pero ¿tú sabes hacer algo de esto? —le preguntó un señor que era jefe.

—No, pero puedo aprender.

Aprendió a hacer un montón de cosas relacionadas con la televisión: redactaba noticias para los informativos, escribía guiones para concursos y programas musicales, ayudaba a los realizadores a montar las imágenes…

—Las mujeres vienen a la tele a ponerse delante de las cámaras —le dijeron un día— ¡no detrás como haces tú!

A ella le dio igual. Solo sabía que estaba haciendo lo que quería hacer. Le gustaba el trajín en los pasillos y la actividad que había alrededor cuando estaban rodando el capítulo para una serie. Y como seguía enamorada del cine, por las tardes se iba a la Escuela de Cine y, poco después, empezó a dirigir sus propias películas.

Su primera película incomodó mucho a los políticos, porque abordaba asuntos que ellos preferían silenciar e intentaron boicotearla para que nadie la viera, pero cuando se estrenó tuvo muchísimo éxito y el público abarrotó las salas. También hizo películas sociales, históricas y de amor, e incluso se atrevió con una que tenía todos los diálogos en verso.

—Pero, Pilar —le preguntaban extrañados-—¿tú estás segura de que la gente va a entender que los actores hablen así?

Durante ese tiempo, la dictadura pasó a ser una democracia, se levantaron muchas prohibiciones y el país se transformó, pero hubo algo que no cambió para Pilar: el cine seguía haciéndola tan feliz como cuando era niña. Si estaba en un rodaje le entraban tantas ganas de vivir, que se tumbaba en la hierba sonriendo, se abría la blusa dejando al descubierto una cicatriz que tenía en el pecho por una operación muy grave que había tenido y decía:

—Es para que el sol me caliente el corazón.

Y así fue como Pilar Miró se convirtió en la primera mujer realizadora de televisión, la primera mujer Directora General de Televisión Española y la primera mujer en ganar un Goya a la Mejor Dirección por El perro del hortelano, escrita entera en verso.

"Nadie me enseñó a vivir"
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La protagonista

Pilar Miró

Directora de cine, teatro y televisión, nació en Madrid en 1940. Entre 1986 y 1989 dirigió la radiotelevisión pública española. Firmó películas como 'El crimen de Cuenca', 'Gary Cooper que estás en los cielos' o 'El Perro del Hortelano', que consiguió siete premios Goya. Murió en 1997, a los 57 años, de un infarto agudo de miocardio.